Parasoles para el Walkie Talkie que freía huevos y derretía coches

Solaris
  • 24 July 2021

Costó 200 millones de libras. Diseñado por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Está en la City de Londres y ha sido la comidilla de la ciudad. Gracias a él, los ingleses, a los que no les falta ingenio, incluso cocinaban huevos en la calle. Se le ha rebautizado como "Walkie Talkie" por su forma "inusual". ¿Aún no lo has visto?
Sí, es el famoso rascacielos 20 Fenchurch Street: 34 pisos, 160 metros de altura. Una verdadera ganga: alquilada y ocupada por oficinas de grandes empresas, compañías de seguros, sindicatos. La construcción finalizó en 2014, se inauguró en 2015 y fue comprada por Lee Kum Kee, un conglomerado alimentario de Hong Kong, por 1.300 millones de libras.
¿Y bien? Este gigante necesitaba una intervención adicional crucial: la instalación de rejillas de protección solar.


En 2014, de hecho, ocurrió que bajo el rascacielos, a ciertas horas del día, se podían cocinar huevos. Y los londinenses lo hicieron. Llevaban huevos en una sartén y, gracias a los rayos de sol reflejados en el rascacielos, se cocinaban. El Walkie Talkie, debido a su inusual forma: más estrecho en la parte inferior y más ancho en la superior, y ligeramente curvado, acabó concetrando y reflejando los rayos del sol hacia el suelo con sus cristales apilados, hasta el punto de que incluso las carrocerías se derritieron. Las temperaturas alcanzaron más de 100 grados. El experto en física molecular de la Universidad de Durham explicó que "la forma cóncava del edificio tiene el efecto de concetrar la luz que se refleja en las paredes".


Land Securities, propietarios del rascacielos, debían indemnizar a los automovilistas perjudicados y, sobre todo, debían tomar medidas para evitar los daños personales. Sí, porque también había ocurrido que los rayos concentrados por el edificio, como una lupa, habían incendiado la moqueta de una peluquería. Al principio se esperaba que el "mal" tiempo en Londres hiciera que todo volviera a la normalidad, pero no fue así: los deslumbramientos, los reflejos, las altas temperaturas en la calle siguieron molestando y la autoridad municipal londinense tuvo incluso que prohibir el tránsito y el aparcamiento en la calle del rascacielos.
La solución final fue una variante consistente en un amplio sistema de lamas.

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